miércoles, 10 de diciembre de 2014

Pesadilla

Tuve una pesadilla, de las que te despiertan con mucho miedo y te mantienen sin moverte un centímetro mientras poco a poco comprendes que era un sueño. En cuanto se me fue el miedo, tomé mi tableta y con los ojos borrosos escribí lo que está a continuación. No recordaba haberlo escrito hasta 4 días después, por eso preferí dejarlo así, con los errores de ortografía, redacción y palabras inexistentes y después, está la pesadilla arreglada con los recuerdos que hasta hoy estaban escondidos en algún lugar que trajo a la vida, el siguiente texto re descubierto en mi tableta.

"Catacumbas, en busca de instrumento o plano en un cuadro de wallis chatertonrecargado en la pared en el piso. Alumbrábamos con linterna ybhabisbde repentre cucarachas quegritan en el piso húmedo y sobre el cuadro. Encontraba espefiey de armónica y sonaba una musica a lo lejos. La harmónica de colores en una especie de nicho nonse podía mover. Mm is compañeros me abandonaba como ratones siguiendo la musica de hamelin y caminaba hacía unan entrafda al laberinto hasta ahora oculta. Se pierden para siempre laberinto como un cubo con piso blanco y especie de zig zar ynescañetras tioponescher. Sin estar de cabeza. Regreso solo"

Estoy con un grupo de personas, cuatro o cinco, no se quienes son pero estamos juntos en unas catacumbas, tal y como deben de ser, húmedas y obscuras. Estamos buscando un instrumento musical o un plano que nos permita salir, el plano lo buscamos en una pintura que está en el piso recargado sobre la pared, es muy parecido a la pintura de Henry Wallis, llamado "La Muerte de Chatterton" y el instrumento musical, una armónica de latón que cambia de colores, está sobre una estantería de madera apolillada, en un nicho.  A lo lejos comenzamos a escuchar una melodía, parece un oboe y un harpa. El plano lo encuentro en la pintura ahora tridimensional y al alumbrar con mi linterna, el piso se llena de cucarachas muy grandes, del tamaño de una mano y gritan al tocar el piso mojado. Mis compañeros me dejan solo, se van siguiendo las ondas musicales del oboe y el harpa, sin hacer caso a mis suplicas, me recuerdan a esas caricaturas del flautista de Hamelín, donde las ratas avanzan dando saltos al ritmo de la música. Me aterran los brincos sobrenaturales, calculo que son mas de cinco metros. En cada uno de sus imposibles brincos, al caer, se fracturan una mano, alguien mas una pierna, otro mas se descalabra. Así siguen hasta la entrada ya abierta que permanecía oculta de un laberinto. Entendí que al tomar el plano se abrió la puerta y dejó escapar la música que atrae a mis fracturados compañeros. Tengo la seguridad de que nunca volveré a verlos. Trato de tomar la armónica pero está totalmente fija, me da la sensación de que está clavada. No la puedo mover, la necesito para combatir al oboe y el harpa. La abandono en su nicho y me dirijo al laberinto que es un cubo con muchas escaleras, como el cuadro de Escher, pero nada está de cabeza. El piso es totalmente blanco con manchas rítmicas de sangre que van dejando mis compañeros, algunos ya muertos pero que siguen dando saltos, golpeando cada vez mas y mas fuerte. Durante todo este tiempo alguien me está viendo sin saber quien es. Me interno en el laberinto por un camino de zigzag negro con blanco y me despierto.

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